VESTIDA DE AZUL: EL TRIUNFO DE LA CALIDAD

Como tocado por un hechizo hecho a base de ilusiones, el Valle del Juguete nos sorprende por la proliferación de fábricas de sueños, las cuales, a lo largo de los años, han dado origen a infinidad de muñecas que hacen las delicias de niños y mayores.

Entre la extensa propuesta que ofrece este emblemático lugar, encontramos unos artesanos en Castalla, apenas a cinco kilómetros de Onil, que han conseguido hacerse un hueco por derecho propio, llevando por bandera la calidad.

Hablamos de las muñecas “Vestida de Azul”, una joven fábrica que, como muchas, surgió de la necesidad de reinventarse, favorecida por la tradición muñequera de la zona.

Pedro Guirao, responsable de la marca, ha accedido con amabilidad a concedernos una entrevista, en la que desvelamos algunos de los secretos de esta pequeña joya del Levante español.

¿A qué se debe el nombre de “Vestida de Azul”?

Se barajaron varias ideas, en la búsqueda de algo original, hasta que di con este nombre, tan conocido por la canción popular, y que enseguida te remite al mundo de las muñecas. Me pareció el más acertado.

¿Cuándo y cómo nació la empresa?

Nació en 2012, en Castalla, a raíz de una crisis económica.

¿Y eso?

Bueno, yo me dedicaba a diseñar zapatos y complementos en Elda, Alicante, y comencé a fabricarlos también para marcas de muñecas de la zona, tales como Mariquita Pérez, D’Nenes, Muñecas Así, etc. En 2008 hubo una pequeña crisis en el sector, y algunas de las empresas para las que trabajábamos cerraron. En los años siguientes la situación llevó a tener que reinventarnos, y surgió el planteamiento de crear una línea de muñecas, que finalmente vio la luz en 2012.

¿Y cómo se empieza un proyecto así?

No es fácil. Hay que moverse en distintas direcciones, ya que se deben tener en cuenta muchos detalles, desde el logo hasta la línea que quieres seguir, pasando por los registros, permisos, etc. Hay un gran trabajo previo a la fabricación en sí. Con respecto a cada muñeca, después de concebir la idea se acude al escultor, al que se le van dando directrices hasta que consigue plasmar exactamente lo que se quiere.

¿Tenía una idea concreta?

En realidad, sí: queríamos que nuestras muñecas representasen niñas, y no muñecas totalmente maniquí. En la época la tendencia eran las muñecas tipo Monster High, y otras que representaban adolescentes. Nosotros queríamos una muñeca maniquí niña. Y además pequeñita.

No se estilaban mucho por aquellos años…

No. Por entonces las muñecas que se llevaban eran más grandes, tipo Nancy y tal. Cuando planteé el tamaño que quería muchos me dijeron que adónde iba con eso tan chiquitito, pero yo lo tenía claro. Las muñecas pequeñitas son más manejables, más jugables, más portables. A los niños les gustan los juguetes que pueden transportar en sus mochilas, llevar a casa de la abuela, etc. De ahí que nos decidiéramos por ese tamaño tan inusual. Ahora son tendencia, pero antes éramos un reducto. Cuando las hicimos sorprendieron mucho.

También hacéis muñecos bebé…

Los bebés es lo que más se vende. Están muy de moda, y los hay de todas clases, pero la muñeca maniquí también se demanda.

Todas las empresas de la zona forzosamente han de tirar de empresas auxiliares. ¿También es vuestro caso?

Claro. Somos una empresa pequeñita, pero incluso las grandes precisan de empresas auxiliares. Ninguna fábrica lo hace todo.

¿Cuál fue vuestro primer producto?

El primero fue Paulina, y poco después llegó Carlota.

Coral también es preciosa.

Coral nació hace tres años, y ha tenido una gran acogida, sí. Sobre todo, nos encargan muchas negritas. Hay empresas extranjeras que sólo trabajan muñecas negritas, y nos las demandan mucho.

¿Exportáis?

Por supuesto. De hecho, la empresa tira más gracias al tema de la exportación.

Suele suceder, nadie es profeta en su tierra, o al menos cuesta mucho. ¿Tenéis representación en ferias y eventos extranjeros?

Sí, claro. Todos los años vamos a la Feria Internacional del Juguete, en Nuremberg, donde solemos tener una acogida bastante buena.  Sobre todo por la calidad. Aún se sigue importando mucho producto de China, y para contrarrestarlo, nosotros apostamos por la calidad en todos los detalles; nuestra ropita y nuestros zapatos llaman mucho la atención.

¿No es una lucha desigual? Las empresas que fabrican en China pueden ponerlo todo más barato, porque hay gente a la que la calidad le importa menos que el precio. ¿Cómo hacéis para ser competitivos?

Bueno, es una lucha constante en pos del equilibrio; hay que tener una buena estrategia para conseguir que el producto sea asequible sin perder la calidad. Es difícil, pero se puede.

Y vaya si se puede. Vestida de Azul es otro de esos referentes de Alicante que ponen de manifiesto que, cuando uno cree en lo que hace, y no se deja arrastrar por la tendencia, puede tener éxito. La clave está en la mezcla justa de calidad, ilusión y esfuerzo.

Las muñecas de Vestida de Azul demuestran que la fórmula da resultados perfectos.

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